Las presentes líneas son una reflexión sobre mi trabajo docente. En base a la propia práctica señalo que dicha actividad es una de las más pesadas, arduas y sacrificadas profesiones, y a su vez, es la más hermosa experiencia de transmisión, trabajo en equipo, socialización y convivencia.
Considero que cuando el facilitador es una persona real, siendo quien realmente es, relacionándose con el estudiante sin presentar una máscara falsa entonces él es mucho más efectivo como facilitador del aprendizaje. El maestro según mi óptica se presenta como un ser humano y que expresa claramente con palabras y acciones lo que realmente piensa, quiere y siente. Debe ser alguien que no se anda con rodeos, sino que dice las cosas tal y como él las ve. Se presenta como una persona transparente porque no trata de ocultar o de disfrazar quién es él realmente. Es un individuo con quien, el alumno siente la seguridad de saber en dónde está pisando, porque sabe que ese individuo es honesto y sincero, no se miente a sí mismo ni miente a los demás.
Es claro que trato de ser la docente que no tuve en mi etapa de estudiante y que soy una copia de fragmentos de personalidad de todos mis profesores (Tomo sólo lo bueno), constantemente me autoevaluó y trato de no hacerle a mis alumnos lo que yo odiaba de mis docentes.
Cuando comienza un nuevo modulo realizo una planeación acerca de la sesión que impartiré, como primer punto estructuro un encuadre en el cual considero: la presentación del módulo, el propósito del módulo, alcance y metodología que se desarrollará en la sesión, la presentación de los compañeros del grupo para romper el hielo, aplico un diagnósticos del tipo de aprendizaje del grupo para planear estrategias de E-A a futuro, le pido al grupo que exponga sus expectativas del módulo y firmamos una serie de compromisos, finalmente expongo los criterios de evaluación que se aplicarán como evidencias.
En sesiones posteriores se planea según el tema las estrategias de enseñanza aprendizaje, así como el tiempo de cada actividad con tres momentos: inicio, desarrollo y cierre. Del mismo modo señalo en mi plan sesión los recursos materiales y didácticos, considerando los productos de aprendizaje; todo esto sin dejar de aplicar la evaluación de tipo diagnostica, continua, sumativa y la autoevaluación, la cual debe existir en cada clase.
Claro está que este tipo de planeación lo aprendí en Conalep ya que en esta institución se basa la enseñanza en calidad. Tengo 4 años desarrollando este método, mismo que aplico en el CETis y he tenido buenos resultados. Me ha valido el reconocimiento no sólo de mis jefes sino de mis alumnos que dicen: “me gusta que no llega a improvisar”.
En esta labor es común cometer equivocaciones. Es claro que estas zonas de oportunidad son involuntarias y están exentas de dolo; pero que tal vez solamente asumimos el papel de transmisores de conocimientos y no el de formadores. El docente debe tener claro que el primer contacto con los estudiantes ha de generar las condiciones para ganarse su confianza, su respeto y su aceptación. Dejamos de ser solamente máquinas autoritarias, transmisoras de conocimientos para convertirnos en parte importante en la vida de nuestros alumnos. En el docente debe haber congruencia entre lo que dice y lo que hace, debe educar con el ejemplo.
